Hoy, a las cinco de
la mañana, ya estábamos en pie para ir a ver el amanecer al famoso río sagrado,
el Ganges. Nos hemos subido en una barca para contemplar la salida del sol. A
medida que navegábamos iba saliendo el sol y hemos hecho una ofrenda a los
dioses para que protejan a nuestra familia, consistía en dejar una tarrina con
pétalos de flores y una vela encendida en medio, la vela flotaba en dirección al
amanecer. Ha sido un momento de paz absoluta porque no sentíamos ningún ruido,
excepto el motor de la barca, a veces aquí se hecha de menos el silencio. La
luz calida del sol iba apareciendo y con el suave movimiento del agua creaba un
ambiente de tranquilidad, de reflexión y de calma.
A pesar de la
temprana hora, ya había mucho movimiento cerca del río. A pesar de sus sucias
aguas, algunos se lavaban el cuerpo y los dientes en él, otros pescaban, otros
lavaban ropa…
Más tarde, antes de
comer, fuimos a ver varios templos hindús en “tucu-tucu”. Despúes de esta
atareada mañana comimos y descansamos para poder ver el atardecer del Ganges en
barca.
La barca nos condujo
hacía donde se situaban los brahmanes que estaban realizando, a orillas del
río, una ceremonia de ofrenda a la diosa Ganges y la celebración del final de
un nuevo día. Multitud de gente y barcas se congregaban delante de ellos para
verlos. Es una ceremonia bonita de ver, ya que hay cinco brahmanes (que
simbolizan los cinco elementos), que van perfectamente coordinados y utilizan
agua, fuego y danza durante el proceso de la ceremonia.