El primer día en
Jaipur fue como agua de mayo, además lo esperaba con mucha ilusión, mis
expectativas eran buenas y no me fallaron. Nada más llegar notamos el cambio de
Calcuta-Jaipur, la ciudad era menos sucia.Los taxis eran más nuevos, no eran
los típicos taxis antiguos que hay en Calcuta y los cuervos tampoco
revoloteaban por las calles.
Cuando entramos al
hotel, una sonrisa se dibujo en mi cara, era un palacete de un antiguo maharajá
y ahora es propiedad de un importante militar del país. Tenía un amplio jardín
de césped y florecillas, y todo el hotel estaba decorado muy rustico con
muebles antiguos, pero muy bien conservados. Las habitaciones estaban muy
limpias y desde la ventana se veía la piscina del hotel toda llena de azulejos
que formaban dibujos hindús, aunque el agua estaba un poco turbia debido a la
lluvia, además aquí no tienen depuradoras.
Después de descansar
un poco, nos subimos en un “tucu-tucu”(es una especie de cochecillo de tres
ruedas muy típico de la India)
que contratamos para todos los días en Jaipur. Nuestro conductor era muy majo y
pronto le pusimos el nombre de “machine”. Llegamos a la Ciudad Rosa, que es
una calle toda llena de edificios rosas con comercios pequeños. Seguidamente,
fuimos a una tienda donde nos mostraron el proceso de estampación de las telas
y los telares, allí aprovechamos para comprar.
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