Por la mañana, nos
levantamos pronto para ir al Ambar Fort, es un palacio del antiguo maharajá de
Jaipur, es de color anaranjado y esta rodeado de una muralla que recorre las
montañas de alrededor con sus 23
km de largura.
Después de ver este
increíble monumento, hemos ido a ver los elefantes y nos hemos subido encima de
ellos elevándonos por la trompa. Hemos tenido un percance durante el trayecto
porque nuestro elefante se ha vuelto loco y ha intentado tirarnos de su
espalda. Al final hemos pedido a gritos que queríamos bajar y, después del
susto nos han cambiado de elefante. El resto del trayecto ha sido fantástico,
ir en elefante por en medio de la nada, rodeados de naturaleza y silencio, ha
sido una tranquilidad y un descanso absoluto.
A la tarde hemos ido
a comprar joyas y nos han enseñado el taller donde las confeccionan. He tenido
que sacar mis dotes de regateadora.
Hemos comentado con
las compañeras que Jaipur es una ciudad de tres millones de habitantes, pero el
paisaje es muy rural, es como estar en un pueblo enorme. Gran parte de los
habitantes se dedican a la agricultura porque había muchos tractores por dentro
de la ciudad, a diferencia de Calcuta que no vi ninguno.
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