Ayer, salimos de
Calcuta con los jeeps de la escuela con mucha intriga, ya que sabíamos que
íbamos a visitar el colegio St. Julians del pueblo de Kalyani, pero no sabíamos
que haríamos ni donde dormiríamos. Durante el viaje pudimos ver la India profunda y no
turística, a nuestro alrededor habían muchos pueblos rodeados de mucha jungla y
medio inundados a causa de las fuertes lluvias. Apenas pude dormir durante todo
el viaje, primero, por la forma de conducir que tienen aquí que vas con el
corazón en un puño y, segundo, porque el paisaje era muy diverso y curioso de
ver.
Lo más impactante
fue nuestra llegada a la escuela, nada más bajar del jeep empecé a escuchar
gritos de niños y niñas, aplausos y un hombre hablando en ingles dando la
bienvenida a los españoles que acababan de llegar, nosotros. Fue un
recibimiento impresionante, masas de niños asomados a las ventanas de la escuela
gritando de emoción y aplaudiendo como si fuésemos su ídolo favorito. Al entrar
por la puerta nos ponían el típico puntito hindú en la frente y un collar de
flores como símbolo de bienvenida. Después de firmar autógrafos (increíble,
pero cierto), saludamos al director y, por el micrófono, dimos las gracias a
toda la escuela por acogernos tan bien. A continuación, repartimos los diplomas
de los mejores alumnos de la escuela y fuimos a ver tres espectáculos que nos
habían organizado con música y bailes. Se empeñaron en que bailáramos nosotros
y, como no teníamos nada organizado, les “degustamos” con nuestra queridísima
canción de La Macarena. Seguidamente,
fuimos a comer a una salita donde nos tenían todo muy bien preparado.
Después de toda esta
vivencia totalmente surrealista, el director nos ofreció su casa para dormir,
es increíble como comparten y te dan todo lo que tienen. Así que allí
estábamos, durmiendo 14 personas en una sola habitación, encima de una especie
de tablas de madera con funda que servían de cama y un baño para todos (al
menos no nos tocó el que era un simple agujero en el suelo). Allí no acabo
todo, a la tarde-noche, en el gimnasio de la escuela, nos tenían preparado un
guateque, habían comprado cerveza, whisky, patatas y comida china para cenar. A
la fiesta asistieron algunos profesores y profesoras, incluido el director. Nos
pasamos la noche bailando canciones españolas y de Boolywood e imitando la
forma de bailar de unos y otros. Yo me fui a dormir antes porque mis moquitos
no me dejaron disfrutar mucho de la fiesta, pero el rato que estuvo fue
entretenido, aunque seguía siendo surrealista.
Esta mañana, hemos
regresado a Calcuta todos doloridos de la espalda, por culpa de aquellas camas,
y cansados porque a primera hora de la mañana ya estábamos jugando, debajo del
caluroso sol, a futbol y a básquet con los niños. Ahora ya solo queda la
colada, ducharnos y cenar. Mañana será otro día.