sábado, 4 de julio de 2015

MÁS PRIMERAS IMPRESIONES


Esta mañana hemos ido a ver la casa de María Teresa de Calcuta. Por el camino hemos pasado por uno de los barrios musulmanes de Calcuta, aquí si que vendían ternera y el olor a carne, en no muy buen estado, era bastante fuerte. Tenían la carne colgada de los pequeños comercios y algunos animales vivos aun por matar, había restos de sangre de haber hecho la matanza en los charcos de agua estancada que había alrededor de las tiendas. Esto, más montones y montones de basura que habían en las calles y un vertedero improvisado en medio de la calle con montañas de residuos, hacían que el olor fuese muy desagradable. La gente más pobre recogía comida y restos de cosas, para ellos todavía útiles, en el vertedero y las basuras de las calles. También, había una especie de duchas públicas donde la gente se aseaba y se refrescaba un poco. Hay que destacar, que la mirada de la gente de este barrio no era tan amiga como la de los barrios hindus y budistas, además el hecho de ser mujeres tampoco ayudaba demasiado.

Durante este trayecto nos hemos estresado un poco porque los pitidos continuos de los coches y la cantidad de gente que había dificultaba bastante el caminar tranquilamente, tienes que ir con mil ojos para que no te atropellen ya que los coches, motos, carros, etc., tienen prioridad.  Después de esta locura, hemos llegado a nuestro destino, allí las monjas nos han recibido y hemos podido visitar la casa y la tumba de María Teresa de Calcuta.

Una vez acabada la visita, hemos ido la parte más occidental de Calcuta, a lo que equivale a Paseo de Gracia en Barcelona. En esta calle, hemos podido entrar en McDonalds y disfrutar un poco del aire acondicionado tomando un refresco. El calor de aquí es asfixiante y necesitamos refrescarnos e hidratarnos bastante porque nuestro cuerpo no esta acostumbrado; sudamos a todas horas y es imposible mantener la ropa seca. Cuando ya teníamos energía, hemos entrado en uno de los hoteles más caros de Calcuta. Es impresionante el contraste de la calle a dentro del hotel, era como tener una puerta que llevara de nuevo a España,  pasas de estar en la máxima pobreza a estar en el lujo para ellos y normalidad para nosotros los españoles. Hay que valorar mucho lo que tenemos porque, sin duda, somos muy privilegiados.

Pero, si me paro a pensar en todo lo que ha ocurrido esta mañana, lo más inolvidable para mi ha sido estar con niños muy pobres que estaban en las calles sin zapatos ni apenas ropa, que te pedían dinero y te miraban con esos ojitos y esa sonrisa. A algunos de ellos les hemos dado algo de dinero y a otros les hemos llevado la comida y agua que nos ha sobrado en la comida. Cada día nos sobra mucha comida y agua, así que hemos decidido hacerlo todos los días. Se me ponen los pelos de punta y no puedo evitar emocionarme, solo de acordarme como aquella niña ha cogido el agua y se ha abrazado a ella como si fuese su tesoro, su mirada, su sonrisa y el abrazo que me ha dado son inexplicables. Hay recuerdos de la India que me llevare siempre conmigo y sin duda este es uno de ellos.



Por cierto, hoy me ha tocado a mí la colada y hecho mucho de menos la lavadora…

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