Esta mañana hemos
ido a ver la casa de María Teresa de Calcuta. Por el camino hemos pasado por
uno de los barrios musulmanes de Calcuta, aquí si que vendían ternera y el olor
a carne, en no muy buen estado, era bastante fuerte. Tenían la carne colgada de
los pequeños comercios y algunos animales vivos aun por matar, había restos de
sangre de haber hecho la matanza en los charcos de agua estancada que había
alrededor de las tiendas. Esto, más montones y montones de basura que habían en
las calles y un vertedero improvisado en medio de la calle con montañas de
residuos, hacían que el olor fuese muy desagradable. La gente más pobre recogía
comida y restos de cosas, para ellos todavía útiles, en el vertedero y las
basuras de las calles. También, había una especie de duchas públicas donde la
gente se aseaba y se refrescaba un poco. Hay que destacar, que la mirada de la
gente de este barrio no era tan amiga como la de los barrios hindus y budistas,
además el hecho de ser mujeres tampoco ayudaba demasiado.
Durante este
trayecto nos hemos estresado un poco porque los pitidos continuos de los coches
y la cantidad de gente que había dificultaba bastante el caminar
tranquilamente, tienes que ir con mil ojos para que no te atropellen ya que los
coches, motos, carros, etc., tienen prioridad.
Después de esta locura, hemos llegado a nuestro destino, allí las monjas
nos han recibido y hemos podido visitar la casa y la tumba de María Teresa de
Calcuta.
Una vez acabada la
visita, hemos ido la parte más occidental de Calcuta, a lo que equivale a Paseo
de Gracia en Barcelona. En esta calle, hemos podido entrar en McDonalds y
disfrutar un poco del aire acondicionado tomando un refresco. El calor de aquí
es asfixiante y necesitamos refrescarnos e hidratarnos bastante porque nuestro
cuerpo no esta acostumbrado; sudamos a todas horas y es imposible mantener la
ropa seca. Cuando ya teníamos energía, hemos entrado en uno de los hoteles más
caros de Calcuta. Es impresionante el contraste de la calle a dentro del hotel,
era como tener una puerta que llevara de nuevo a España, pasas de estar en la máxima pobreza a estar
en el lujo para ellos y normalidad para nosotros los españoles. Hay que valorar
mucho lo que tenemos porque, sin duda, somos muy privilegiados.
Pero, si me paro a
pensar en todo lo que ha ocurrido esta mañana, lo más inolvidable para mi ha
sido estar con niños muy pobres que estaban en las calles sin zapatos ni apenas
ropa, que te pedían dinero y te miraban con esos ojitos y esa sonrisa. A
algunos de ellos les hemos dado algo de dinero y a otros les hemos llevado la
comida y agua que nos ha sobrado en la comida. Cada día nos sobra mucha comida
y agua, así que hemos decidido hacerlo todos los días. Se me ponen los pelos de
punta y no puedo evitar emocionarme, solo de acordarme como aquella niña ha
cogido el agua y se ha abrazado a ella como si fuese su tesoro, su mirada, su
sonrisa y el abrazo que me ha dado son inexplicables. Hay recuerdos de la India que me llevare siempre
conmigo y sin duda este es uno de ellos.
Por cierto, hoy me
ha tocado a mí la colada y hecho mucho de menos la lavadora…
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